Sección
Recuerdos para nuestros nietos
Envíanos alguno de los tuyos.... Gracias !
Frank  Scheme

vivió mucho tiempo en Lima, en San Isidro. Actualmente
vive en Ottawa. Su hermana Sigi, casada con Sergio Zrinscak, vive cerca
de Toronto. Su hermano Hans igualmente vive actualmente en Canadá..

Frank ha tenido la buena idea de evocar algunos vívidos recuerdos y la
cortesía de compartirlos con nosotros. Leamos sus narraciones acá abajo.


A ver si alguien nos cuenta que lo conoció en ese entonces y compartió
recuerdos similares. Gracias por su contacto

                                                                            Gracias Frank !    
Nuestro vecino en la esquina de la Calle Burgos y Marconi, en San Isidro, era Don Pedro Rosselló,
"El Hombre del Pueblo", fundador de Coalición Nacional, y su bella y muy elegante esposa,
Doña Marta.  Hermosa pareja; cultos, profundamente religiosos, trabajadores; cariñosos
y muy enamorada y siempre con algo positivo que decir!   

Era por los años '60, antes de las juntas militares, cuando vivíamos los "años de oro" en Lima.

La familia Rosselló me adoptó como a un hijo. Era compañero perenne de su hijo Pedro Jr. (Pello)
quien tenía una hermana mayor (Marta "Tata") y un hermano menor (Rafael  "Rafi").

Fui afortunado, pues los acompañaba siempre a los toros en la Plaza de Acho; los gallos en
La Molina; el cachascán en el estadio viejo; el concurso nacional de caballos de paso en el club
El Bosque; la equitación con el Conde Morosini; los partidos de polo en el club de Orrantia del Mar;
las carreras de caballos en San Felipe; los almuerzos en Rosita Rios y otros lugares típicos; los
famosas chifas;  los museos de Arte Italiano, Larco Herrera y Mujica Gallo; pic-nics en Chosica y
Chaclacayo;  paseos en su enorme "Mercury" de útimo modelo, por la Carretera Central, Canta,
Pasamayo y muchos eventos culturales y deportivos.

Pasé también muchos veranos en el balneario Santa Rosa, fundado por Don Pedro y en su hacienda
algodonera y azucarera "Pampelera" cerca de Trujillo, montando hermosos caballos de paso, como
su campeón nacional, "Tongolele".

Conocí a los hijos e hijas de ilustres familias Peruanas y extranjeras, de apellidos como los Nicolini,
Vasquez Ayllón, Rizo Patrón, Berkemeyer, Ehni, Orlandini, D'Onofrio y Santisteban, entre otros.

Fuí testigo de los subibajas de su campaña política; su reto a un duelo con espadas y las lecciones
preparatorias con un campeón nacional de sable; el éxtasis del triunfo y la humillación de la derrota;
el profundo deseo de mejorar la vida de los pobres del Perú.

Compartí su felicidad como familia; la delicadeza y perfecta atención para con sus huéspedes; el
profundo cariño e interés personal hacia cada uno de sus hijos; suntuosas cenas en casa;
magníficos "lonches" en la repostería; largas y a veces furiosas noches de discusiones
políticas; risa, cuentos y chistes para acabar el dia.

En síntesis, pocos han tenido la fortuna como la de este "gringo (como me llamaban cariñosamente).
He vivido momentos muy hermosos en compañia de una distinguida familia Peruana, que abrió su
corazón a este afortunado extranjero y lo hizo sentirse "en casa"!

                                                                                              Frank H. Scheme
                                                                                           Ottawa, Ontario
                                                                                 Canadá.
                                                                                           Enero del 2007.
En los años 50 y 60 cursé mis estudios en el colegio Anglo-Peruano, o como
se llamaría después, Colegio San Andrés, en la Avenida Du Petit Thouars,
cerca del parque............

Era un colegio pequeño, de profesores misioneros Escoceses. Sus pasadizos de locetas gastadas
eran interminables y nuestras voces rebotaban en ellas como en un almacén vacío.

Sus abundantes arcos oscuros de cemento áspero desgarraban nuestros uniformes
y rasgaba nuestros brazos, cuando traviesos siempre, nos empujábamos contra
ellos riendo como sonsos!

Los altos del colegio era para la sección Primaria. Olía a leche y perfume. Se subía
por una escalera grande a la izquierda de la entrada principal al colegio.  Arriba,
frente a la escalera y el pasadizo de lozas rojas y pulidas, se econtraban las oficinas
de la Srta. Mackay y la Biblioteca de la Sra. MacIntosh.  Hacia la izquierda el pasillo
se extendía todo el largo del colegio con los salones de la Primaria de la Srta. Baca,
la Srta. MacRostie, Srta. MacKenzie, el Sr. Arenas, el Sr. Arredondo y otros
magníficos profesores.

La planta baja pertenecía a la sección de la Secundaria. Allá, diariamente nos formábamos en
los patios de concreto pulido por años de zapatos inquietos, por clase y tamaño. Yo, largo y flaco, era siempre
el último.  Nuestros uniformes estaban bien cuidados; pantalones con raya que cortaba, corbata super-delgada y
escudo del colegio cosido sobre el bolsillo, pero algunos con las justas para poder quitarlos rápidamente
cuando íban a la Matinée los Viernes por la tarde.

Las ventanas eran enormes cuadros de metales cruzados para dejar pequeños cuadraditos  de vidrio,
semi-tranparente. Los salones con pisos de madera crujiente, barridos diariamente con aserrín, portaban
largas pizarras negras, un escritorio raquítico para el profesor, y pupitres individuales
abusados por muchos años de vandalismo o mejor dicho, nuestro deseo de dejar constancia de nuestro paso
por el plantel.  

El lugar sagrado, la Dirección, se reservaba para el uso de los amonestados y castigados, o peor, la expulsión!   
También para los profesores, distinguidos visitantes, padres de familia como también los premiados y honrados
con títulos de Prefect y House Captain.  Dichas oficinas guardaban reliquias del colegio;
fotos de ex-Directores, Profesores y distinguidos Old Boys: Gallardetes Pre-Militar; trofeos de plata y escudos
anunciando año tras año, el nombre de los mejores estudiantes y deportistas.

Nuestro Sr. Director, el Reverendo James MacIntosh, caminaba solemnemente
por su dominio con su capa negra, tradición Anglo-Escocesa que se remontaba
muchos siglos atrás.  Nuestro Sub-Director, el Dr. Regal, tenía sus oficinas al otro extremo del
edificio, junto al pequeño patio antes de llegar a la puerta falsa del colegio.

Luego estaba el campo deportivo, la sección atlética y la hermosa capilla.
Cuántos partidos jugamos en dicho campo, cuántas rodillas dañadas, cuántos
zapatos rotos, cuántos boches, trompeadas (peleas), cuántas salidas a excursiones,
campamentos de la Unión Bíblica y cuántos ensayos de la escolta
Pre-Militar para el desfile del 28 de Julio!

A la salida del colegio nos esperaban los vendedores ambulantes y la penosa
decisión de comprar algo para comer o tomar el ómnibus (Cocharcas José-Leal)
a casa. La comida ganaba siempre!  La perenne tentación de la carreta amarilla de D'Onofrio
(Frunas y Bombones), los vendedores de turrón de Doña Pepa,
de habas cocidas y tostadas, raspadillas, de churros, de algodón azucarado,
de tubos dulces y cada cual con su lista de fiados.

Cuántas veces caminamos a casa por la Javier Prado, pasando por la casa de
Anita, con el corazón latiendo fuerte al llegar a su esquina y muchas veces la gran desilusión
de no verla en su balcón.

Bueno, ya pasaron casi 45 años y los recuerdos se van dispersando en la
niebla pero aún quedan algunos muy queridos de mis años como estudiante
en la Lima de antaño.


                                                                                                   Frank H. Scheme
                                                                                                   Ottawa, Canadá
                                                                                                    15 de Enero, 2008
El Colegio "San Andrés"
fue fundado en 1917 por
John A. Mackay

(quien sería después
responsable de la YMCA
en Latinoamérica, y
luego Presidente de Princeton
Theological Seminary).

El 13 de junio de ese año
el Dr. Mackay recibió
autorización para el
funcionamiento de la
Escuela Anglo-Peruana,
que se convertiría el 12 de
mayo de 1919, tras un
rápido crecimiento, en

"Colegio Anglo Peruano"

Posteriormente, por
disposiciones
legales durante la Segunda
Guerra Mundial, se tuvo que
dejar de lado dicho nombre,
y se adoptó el actual

"Colegio San Andrés".

Esto sucedió en 1942.
Actualmente, desde 1930,
se ubica en la  Av. Du
Petit Thouars 179,
Santa Beatriz, Lima.
 
Allá por los años 50 y 60, teníamos una patota de 12 hombres y 13 mujeres en el club que ocupaba
una manzana entera en Magdalena, cerca del manicomio Larco Herrera.

Cercado por hermosos y altos cedros, el club era el centro de actividad familiar de fin de semana principalmente para
ejecutivos de empresas Británicas en Lima y otras familias miembros del Commonwealth. Allá se celebraban tremendos
partidos inter-club de cricket, tenis, rugby, fútbol y lawn bowling.  Se ofrecía lecciones de baile de salón, Escocés e Irlandés.

Sus 8 canchas de tenis de arcilla roja, cuidadas minuciosamente y remojadas con grandes
mangueras después de cada partido, eran el orgullo del club!  Sus líneas eran igualmente trazadas
con sumo cuidado con tiza blanca y los hijos de los guardianes y jefes de mantenimiento, hacían de recoge-bolas
con propinas de a sol por partido. El perdedor pagaba la ronda de cerveza.

En el campo principal o Cricket Pitch, se llevaban a cabo los partidos dominicales del popular juego
Inglés del mismo nombre.  Jugado solamente por hombres vestidos de blanco, sin guantes pero con
bates curvos de madera, quienes respondían con pericia a los lanzamientos del bowler del equipo opuesto
haciendo carreras entre dos wickets o sea, tres palos verticales con uno palito horizontal
detrás de cada bateador.

Al lado izquierdo del club había el curioso campo de lawn-bowling; una superficie sumamente plana,
de grama finísima y recortada, rodeada por una acequia donde caían las bolas mal lanzadas.
Hombres y mujeres vestidos enteramente de blanco, con apuestos sombreros de paja, intentaban
colocar bolas negras con pesas en ambos lados, lo más cerca posible a una bolita roja.

En el Club House había un magnífico bar tipo Pub-Inglés donde corría la cerveza y el Pisco Sauer.
Al lado, un salón con mesas de billar, una cortina de humo perenne  y un tufo a cigarro y aserrín.

En el comedor, con grandes ventanales sobre lo campos deportivos, se servían magníficas
butifarras, papas fritas y Coca Colas y para el pudiente, el Británico roast beef, como también el
clásico plato de ceviche.

Allá nos juntábamos cada fin de semana. Algunos veníamos a pié, otros en bici, motoneta Lambretta
o Vespa, motocicleta o en carro.  Eramos Peruanos, Británicos, Australianos, Neoselandeses y uno que
otro Sud-Africano. Se hablaba una mezcla local de Español llamado Spanglish y una jerga criolla
típica de los escolares de aquellos tiempos.   Era un magnífico club, pero le faltaba piscina así que
algunos éramos también miembros del Country Club.

Los camarines eran fuentes de olor a sudor, pucho y cerveza.  Escenas de mucha celebración en la victoria y
fuerte silencio en la derrota.  Atrás se dejaban toallas, cajetillas vacías de cigarros Inca, zapatillas viejas, medias
sucias, calzoncillos, raquetas de tenis, chimpunes con lengua y batas rotas de cricket.

Durante el día los Sábados y Domingos, había mucha actividad social y deportiva y por las noches, cuando nuestra
patota de juntaba en una esquina del comedor para jugar naipes y ver televisión, se escuchaba la risa, las lisuras, los
chistes que venían del bar en medio de los interminables partidosde dardos.

Era nuestro club y los recuerdos siguen vivos aún hoy.


                                                                                   Frank H. Scheme
                                                                                   Ottawa, Canadá,
                                                                          Marzo 2008