Extracto de una carta enviada el
domingo 7 de febrero de 2010 por
Juan Rada desde Saint Adolphe-Canadá
a
Adolfo Pardo en Los Anaucos.
         
                                   
Gracias Juancillo
RECUERDO CON AÑORANZA
LAS TARDES DOMINGUERAS



Tardes placenteras, la autopista repleta de carros y nosotros
colmados de flojera.  Un momento de agradecimiento porque
estamos en Los Anaucos  y no en la cola dominguera.

Los golfistas del club saliendo un poco más temprano y yo
nadando mi primera piscina.

Los vecinos que caminan saludándose, cuan familia todos,
con los que están frente a sus casas.  Unos niños y sus bicicletas
en la calle, el cambio en la guardia en la caseta de vigilancia y los
bambúes acariciándose el uno con el otro arrullados por la brisa.

Los asiduos del dominó y bolas criollas jugando su último round
frente a la bodega mientras que otro niño, todavía con la cara
sucia, fue enviado a comprar sardinas con colita Hit para hoy en la
cena y harina PAN para las arepas del desayuno de mañana.

Ya se acerca la hora, quizás Lise esté abriendo el horno de
cerámica, Melanie hace su postergada tarea y yo dando el último
toque a la propuesta que nunca aprobará un banco en Venezuela.

Más tarde tomando una "penúltima" cervecita contigo en tu
terraza o la mía, escuchando la policromática sinfonía
interpretada por los Valles del Tuy con un solitario árbol en la
montaña de partitura.

Ya se acerca la noche y yo con añoranza,
recuerdo la tarde dominguera.



Juan Rada
Saint Adolphe de Howard, Canada
Febrero 2010
NAVIDAD 2005 en Chirimena
Escrito por Juan Rada


Las navidades tienden a ser una época cuando nos dedicamos a recordar y ser un
poco más magnánimos con los que nos rodean.  Es la época para celebrar, reflejar y  
prepararnos para despedir un año que pasa y dar la bienvenida a un nuevo año con
planes para que este sea mejor.  

Para contarles un poco de nosotros.  Este año nuestros tres hijos se han graduado
de adultos: Anik y Luc estan en Canada, Melanie en la República Checa y los nietos
están pasando las navidades en Alemania con sus abuelos maternos.  Después de
más de un cuarto de siglo de grandes celebraciones navideñas en familia,
Lise y yo estamos solos, así que decidimos vivir la experiencia en toda su  plenitud,
remplazando nuestras grandes fiestas navideñas en familia por una celebración
íntima en las playas de Chirimena, en Venezuela.

Chirimena es el último rincón accesible por vías  pavimentadas en la Región de
Barlovento.  Es un pueblo aseado de unas tres o cuatro calles cuyas casitas pintadas
en brillantes colores se encaraman en las faldas de las montañas, formándose así un
pequeño valle alargado y atravesado en el medio por un río de corriente suave.
Frente a la siempre presente Plaza Bolívar está situada una iglesia blanca con un
campanario puntiagudo que parecen haber sido fabricados con laminas de azúcar.

El colegio está pintado de un alegre color verde, tiene una cancha deportiva y un
cartel reconociendo los meritos del gobierno.  Hay un malecón frente a la playa y
un estacionamiento para una docena de automóviles, el cual se delimita por tres o
cuatro restaurantitos al aire libre y una pared adornada en vivos colores con el dibujo
de un pergamino con reglamentos de civismo entre imágenes de personajes y
paisajes tropicales.

Existen también unos seis o siete negocios que, además de licor, venden
víiveres y artículos para el hogar; un taller de reparación de lanchas y un sin número
de kioscos que ofrecen empanadas, pescado frito y tostones de plátano -  todos ellos
generalmente deliciosos.  No hay cine, teatro ni bar - los habitantes se entretienen
principalmente conversando, pescando y festejando sin necesidad de
ninguna razón en particular.

La navidad la pasan cenando en familia y en la mañana del 25 de
Diciembre salen los niños a jugar en las calles con su nueva ropa y juguetes,
acompañados de sus padres, orgullosos de habérselos podido regalar.

Las playas de Chirimena se miden en kilómetros, sus arenas cambian de color con
las mareas; y su mar es tan temperamental y ruidoso como sus habitantes, que
expresan sus sentimientos en alta voz y con bailes al ritmo de los tambores.

La navidad comenzó la noche del 24 de Diciembre, bajo un cielo claro con brillantes
estrellas que parecían haber sido arrojadas como granos de arena  por el dios Neptuno
de manera de alumbrar los caminos para los que volvían a sus casas a celebrar.  A
media noche, para asegurar que nuestra experiencia fuera completa, nos sorprendió
una legítima lluvia tropical.  

Por la mañana nos encontramos que el mar estaba invadiendo las playas con furia
y lanzando olas en todas las direcciones para espantar a los incautos bañistas o,
si se adentraban hacia sus profundidades, apresarlos con
su poderosa resaca.  En la tarde se calmó su furia y sus aguas tibias invitaron
nuevamente a los cangrejos que se asoleaban sobre las rocas, a las gaviotas y los
pelícanos que rozaban con su vuelo las olas buscando su almuerzo y a los humanos
para cubrirse del agua ante los ataques del sol.

Lise y yo estábamos al abrigo de una bella aunque algo descuidada casa que nos
prestó nuestra amiga Iris.  Desde nuestra habitación, la sala y la terraza podíamos ver
un paisaje sorprendente y apaciguador:  el mar es inmenso y se maquilla con un
profundo azul donde se une con el cielo en el horizonte, pasando por varias tonalidades
de verde para tornarse en un azul claro y finalmente convertirse en un violento gris adornado
con blancas espumas cuando llega a la orilla.  

Las montañas dividen una playa de otra, descendiendo con altos riscos y cuevas que
parecen excepciones formadas en secreto de noche por los violentos ataques
de las olas, y subsistiendo éstas en el día como pidiendo perdón.  Donde terminan
las playas en la parte sur la vegetación, a diferencia de otras playas con poca
diversidad vegetal, en Chirimena las playas están delimitadas por una gran variedad
de plantas, incluyendo el almendrón, la uva de playa, los cocoteros y tantas otras
especies que solo los moradores locales o especialistas en botánica pueden clasificar.


Son los deseos de Lise y míos que estas navidades hayan sido felices
y el nuevo año les traiga salud, prosperidad y tiempo para disfrutar.
Los Anaucos
Chirimena
Lise 2005
Stratus, Juan y Lise Rada