Gregorio Durand se fue a acampar a su casita de la playa y volvió a invitar a Miguelito Gonzáles del Río. Reincidentes !

Lugar: Playa Punta Lomitas. Km 349 al sur, luego 70km rodando por el desierto hasta la playa.
Fechas: del 24 al 28 de noviembre 2011
Narración y fotos: Gregorio Durand
AUNQUE TODA REPETICION
ES UNA OFENSA ...

Ya les conté de nuestra primera visita a la playa Punta
Lomitas con mi buen amigo Miguel González del Río
y Gil, a quien he apodado: Don Quijote.

En esta segunda oportunidad, Don Quijote, cual Harry
Potter, sacó de debajo de la manga una serie de
habilidades, supongo  que la primera vez se sintió un
poco corto y ahora estuvo más cómodo, más suelto.

He descubierto que el apodo de Don Quijote, le queda
corto a Miguelito González del Río y Gil, ahora es:

El Quijote -  MacGyver  y  Gourmet

por sus distintas habilidades para arreglar cosas:
arma y desarma los motores de los grupos electrógenos
con los ojos cerrados, sabe de carpintería, de conexiones
de agua, supuestamente de conexiones eléctricas,
etc. etc.  y también cocina!
marea baja estuvo siempre al medio día, es decir, las condiciones óptimas para pescar, así estaba previsto en las páginas web de los pronósticos de bravezas y vientos.
No fallaron.     
A GOZAR DEL MAR: Empezamos a gozar del mar queriendo darnos un baño, mejor dicho a tratar de bañarnos. Ya verán lo que sucedió:
Serían las 11:30 de la mañana,
el sol nos calentaba alguito y el viento
nos quitaba el calorcito del sol.

La delgadez de Miguel lo hacía
sufrir con el viento frío, ahi donde
lo ven ya tiritaba y temía acercarse
al agua. Se abrazaba él solo.

En cambio yo, con mi gruesa capa de
reservas  caloricas, si bien no sentía calor,
tampoco sentía frío,
me sentía fresco, cómodo con la temperatura,
por lo menos la del ambiente.
Miguel hacía tiempo para
disimular su reticencia a entrar
al agua, pacientemente
acomodaba sus cosas,  luego
miraba el paisaje, miraba al mar,
en fin buscaba pretextos para
dilatar el baño... o no dárselo.

Cuando ya no supo qué hacer,
me preguntó como última excusa,
si el agua del mar no  mojaría la toalla.

Tuve que explicarle que estábamos  
entrando a baja marea y que
el mar se retiraría más.
Sin embargo seguía mirando el flujo y reflujo de las pequeñas olas. Miraba la arena húmeda y se convertía en
œpensottiâ. Seguía parado, cual palo chueco. Creo que se acordaba de esa famosa canción que dice más o menos
así:  "En la arena escribí tu nombre y luego yo lo borraba
(no se que más sigue). Hasta que mirando el mar, con
todas las dudas encima por el viento frío..., empezó a caminar hacia el agua.....
Las dudas lo mataban, vacilante caminaba hacia el agua, yo lo miraba rascarse la cabeza, seguía mirando las
exiguas olas de la orilla. Llegó al borde del agua, tanteo la temperatura del agua y volteo a mirarme: "Esto está
helado".  Realmente el agua estaba fría.

Pero la decisión estaba tomada, siguió adelante con esa clásica tenacidad española
(tozudez le llaman los de la
madre patria)
,  se metió al agua y caminó hasta tener el agua a la altura de las corvas, ahí se paró en
seco y dijo: "Ya se me congeló todo, coño!"
Le grité: muévete! salta, brinca, corre, pero no te quedes quieto. Te congelarás de verdad. Zambullete y así  te
mojas todo de golpe, no lo hagas por partes, sentirás menos frío.

Me obedeció a medias, dio dos pasos más, un saltito y pasó  la ola, dos pasitos más, otro brinquito otra ola,
luego se agachó, con las manos se esparció el agua sobre el pecho y otras partes, una, dos, tres veces, tenía que
esperar que las olas le llevasen el agua, luego hizo la misma operación tirándose un poco de agua en la espalda.

No se zambulló, pero esta vez se dio el baño del gato! Tuvimos mejores aromas, no gastó tanto talco y
menos colonia. Ahorro es progreso.
Yo entré corriendo, tratando de recordar viejos tiempos, pero no pude llegar muy lejos, el agua estaba
realmente fría, me pareció que tenía un par de cubos de hielo entre las piernas, pero igual me zambullí.
Un resoplido, seguido de otro, yo arrodillado con el agua al pecho, me levanté, otra cabecita y a correr,
me parece que llegué primero a la arena seca.

Caminábamos tiritando, Miguel tieso de la cintura a los pies, sólo balanceaba el torso y los brazos,
parecía que tenía campanitas entre las piernas que sonaban a su rítmico y cansino andar, al menos
así sonaban sus partes al chocar de lo congeladas que debían estar.

Yo caminaba  apurado, no podía correr, sentía que lo tenía todo encogido, ahí me acordé
de que cuando nací  todavía no se había inventado el proceso de zanforización y realmente
todo lo mío estaba encogido.

Alcanzamos las toallas y nos envolvimos con ellas, nada de secarse, la cosa era protegernos del viento
para disminuir la sensación de frío. Caminamos a la casa y nos dimos una ducha con agua tibia.

Luego de cambiarnos procedimos a prepararnos un frugal almuerzo: Una ensalada de pollo.
Esta vez Miguelito sí metió mano
en la cocina, ya iba entrando en
confianza.

Se preparó una tortilla de patatas
a la española, de chuparse los
dedos, ya la había probado en
su casa... mejor no los provoco.

Me dio la receta y me
enseñó a prepararla.
Nuestros menús programados fueron
magros y repetidos:
El desayuno: Jugo de
naranja, durazno o piña.

Huevos al gusto con tocino
o jamón, fritos en mantequilla.

Pan integral o pan de
aceituna o pan de granos,
queso gruyere, jamón campesino.

Café pasado o exprés,
también había Nescafé descafeinado.

Leche descremada o sin lactosa. Esto para
empezar el día.
En el almuerzo, hubiese querido tomar como drink previo, un chilcano de pisco o un vodka + Campari Bítter + jugo
de toronja. Quería empezar a malograr a Miguelito, que no es de excesos en estos placeres, por lo menos en la
cantidad que los tomaba yo, pero me han restringido el trago.

Los ingredientes que teníamos eran: tomate, palta, cebolla blanca, manzanas, atún, aceite de oliva,
vinagre balsámico, sal, pimienta, por lo que, si no pescábamos, podíamos disfrutar de una muy buena ensalada.
Si se pescaba teníamos: cebolla roja, ají limo y limón, el ceviche estaba listo.

La cena, si se había pescado, un buen filete frito en mantequilla negra, papas doradas y un vino blanco, si no de
otra caja de pandora salían los fetuchines y salsa a la huancaína, queso parmesano y nos mandábamos una
tallarinada con un buen vino tinto. En mi caja de pandora, también había asado en rajas, arroz blanco pre-cocido,
choclo, latas de pallares o lentejas. Por comida no íbamos a padecer.

Buen stock de gaseosas, agua mineral con y sin gas, jugos de naranja, durazno, toronja y agua tónica.
Como ya dijimos, las condiciones del mar eran óptimas para tentar la pesca, lo intentamos, tanto en playitas cercadas por roquerío, como en pozos de mar abierto.

Recorrimos distinto lugares, probamos distintos colores de señuelos y señuelos distintos, lanzamos lo más lejos que podíamos, a los correntones cercanos, a los
pozos de orilla, nada. No tuve la suerte de sentir un pique. Miguelito me dijo que él sí sintió un tirón.  Los pescadores artesanales que estaban echando el
chinchorro, sí sacaron un par de lenguaditos de kilo y medio, los lenguados
estaban ahí, pero detrás del rompiente, no llegábamos lanzando con las cañas.

Los pescadores siempre vamos a tener una escusa por disculpar nuestro
fracaso y una razón para volver a salir de pesca.

Además de muchas mentiras para agrandar los pescados y la cantidad pescada,
somos  por tradición grandes mentirosos con nuestras aventuras de pesca.

El único señuelo que no utilicé fue el de plata, no falla nunca y siempre se pesca.
Como suele ocurrir muchas veces, no pescamos nada, ni siquiera una borrachera.
El trago es el refugio del pescador cuando no pesca. Don Quijote es muy controlado
con la cantidad que bebe. Por eso le quería enseñar mis malas,
pero sanas costumbres, que bien te conserva el alcohol.

Al menos por variedad y stock de licores no se podía quejar, la apatía de no
pescar, hizo que  simplemente ni el trago provocara. Pero van a haber otras
oportunidades, ya comeremos pescado fresco.

Estamos realmente preparados, tenemos casa, aunque con las mínimas
comodidades pero casa, varias cañas de distintos tamaños, varios carretes, un sin
número de señuelos, espineles, pero el stock más surtido y más
variado es el del BAR !
Nuestro personaje
perfectito no es, también
mete la pata, gracias a Dios
que me iluminó y apagué a
tiempo el conversor  de
energía solar, si no tendríamos
chicharrón chamuscado de un
Quijote MacGyver y Gourmet! "

Claro que hubiese sido un
chicharrón muy magro, sin
su grasita, pellejito crocante
pegado al hueso, era todo,
no hubiera habido la carnecita.
Se pueden imaginar que agarré los cables pelados sin preguntar si había
corriente o no, mira TÚ !
Eso si, las luces funcionan  y no producen corto circuito, si la conexión la
hubiese hecho yo, se quemaba la casa.
CONSTRUIR UNA MESA...!

Hice varios diseños, con 4 patas en las esquinas y 2 en el medio, me dije
y Miguelito lo confirmó, muy incómodo, nos vamos a tropezar con
las patas todo el tiempo; Ok, metemos las patas y las ponemos al centro,
para qué quieres tanto soporte, estás gastando por gusto,
va resultar muy pesada.

Pero cómo le damos rigidez y que no me rompan la mesa a la primera de
bastos. Mis compinches son medio, o mejor dicho uno y medio, Pica Piedras,
van a tirar las cajas de pesca, etc., tiene que ser una mesa sólida.

Apareció mi vecino de la playa, Goyito ¿qué estás haciendo?, Rompiéndome
el cerebro para hacer una mesa y que las patas no molesten; fácil Goyito, primero haz
las patas, que tengan solidez ysoporten el tablero, luego pones el tablero encima y
todas las patas quedan al interior y no molestan a nadie. Así se hizo.

Indudablemente no es una pieza tallada, es una mesa rústica, que permite
sentarse cómodamente a conversar, a tomarse un trago o a comer, de10 a 12
comensales. Está diseñada para eso.


Tratamos de imitar a San José pero sólo en lo de la carpintería,
por lo menos yo no soy para nada santo y mi mujer da fe de que sólo
engendré a mi hija.

Creo que con Miguelito pasa lo mismo.
HASTA LA PRÓXIMA, Y GRACIAS A MIGUELITO POR SU TRANQUILA
GENTILEZA Y POR SU INCONDICIONAL COLABORACION...!
Preparando el desayuno
Mondando patatas para la
Tortilla Española
Miguelito preparándose para lanzar el señuelo que se ve en el extremo de la caña.
Un Quijote de porte atlético,
preparándose para hacer su
ingreso al Océano Pacífico.
Desojando margaritas: ¿entro?,
no entro, ¿entro?, no entro...