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Este simpatiquísimo relato, ha sido escrito por Gregorio Durand
con la idea de publicarlo en ésta, nuestra página de la
Borja57

MIGUELITO GONZALES DEL RIO,
personaje central de la anécdota,
no solamente ha dado su autorización no escrita, sino que, estamos
seguros,
replicará y nosotros publicaremos, encantados, su réplica.
CRÓNICAS y ANÉCDOTAS
de dos amigos viejos y viejos amigos

Fue un viaje programado para fines de mayo, por angas o por mangas se fue retrasando y el 6 de julio salimos de Lima
rumbo a Ica, en una primera etapa y de Ica a la playa, Punta Lomitas, a 65 Km  de Ocucaje, en una segunda etapa.

Conociendo que Miguelito González del Río y Gil, anda un poco suelto y sin mucha carga de trabajo, además que sacarlo
de su casa es darle unas vacaciones a Gilda, su mujer. Por esoale propuse me acompañara y ayudase.

Debo aclarar que Miguelito no es el de las Calzas Verdes por si acaso, eso de Gil de las calzas verdes no juega con él.
Pero indudablemente sus padres deben haber sido fanáticos lectores de Miguel de Cervantes Saavedra, el gran escritor de
Alcalá de Henares, aquel que hizo fama cuando escribió El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, pues procrearon un
hijo, sólo  aplicando su imaginación, larguirucho, flaco, esmirriado, medio calvo y con barba cana. Es copia fiel de la figura
del Quijote. También le copiaron lo del espíritu filantrópico.    

Mi compadre Miguel está tan flaco que sólo se le ve si se cuadra de frente.

Migueito aun siendo abogado es medio Mac Guiver, sabe de arreglar grupos electrógenos,
hacer conexiones eléctricas, de carpintería, etc. etc. Además me dijo que le encanta la cocina.
Sabe de antropología y se conoce términos de geología para definir tipos de suelos. Me dije: va
a ser de gran ayuda, buena compañía  y además tengo conversación gratis.

Me equivoqué en lo de buena compañía, es magnífica compañía, su erudición en muchos temas
es  vasta, me instruyó en diversas costumbres selváticas, serranas y españolas. Tiene además
una memoria más grande que la de los elefantes. También me equivoqué en eso de conversación gratis, sólo hablaba
Miguelito, cuando cogía cuerda sobre un tema, simplemente no paraba.

Eso sí, ya muestra  signos de maquinaria gastada. Desayuna muy ligero, por lo menos así me
lo dijo antes del viaje, pero de su jugo de naranja, sus huevos fritos con panceta de cerdo
(tocino para nosotros), su pan y café no baja.

No puede comer piqueos y tomarse dos tragos antes del almuerzo, se llena, con un  trago es suficiente. Tiene que
hacer siesta luego del almuerzo, cenar, antes de la 7 PM, sólo puede comer cosas ligeras, si come pesado (asado
con arroz y huevo frito) a las 8 PM,  le vienen pesadillas. Después de cenar tiene que caminar, hacer yoga hasta
las 11 PM y después intentar dormir.

Si de libar vino se trata, con una copa es suficiente en el almuerzo y por la noche mejor no!
Pobre Miguelito, se encontró con un Pica Piedra, como a montones y a cualquier hora, lo que
sea, si de tomar se trata, bueno, un trago no es ninguno, dos hacen medio, tres hacen uno,
pero como uno no es ninguno, tenemos que volver  empezar la cuenta !

Para instalar el sistema de energía solar, teníamos que colocar unas repisas. El carpintero
en Jefe puso manos a la obra, fue necesario encender el grupo electrógeno, sintiéndose tan
fuerte como Tarzán, Miguel se cuadró delante del grupo, sujetó la cuerda de la polea y jaló, la compresión le dio
marcha atrás jalando a Miguel y casi  lo mete dentro motor del grupo.

Encendido el grupo, se usó el taladro, colocó las repisas y salieron chuecas!, pero súper seguras.

El panel lo colocó muy bien  sobre las tejas del techo, su magro peso le permitía caminar sobre
las calaminas. Luego colocamos las baterías en las repisas, siguiendo las instrucciones
conectamos las baterías al regulador de carga y este al panel solar. Bingo, se prendieron las lucecitas y
supimos que las baterías empezaron a recibir carga. Comenzábamos bien.

Luego colocamos el conversor para tener corriente de 220 voltios. Le dije: No conectes los
cables a los mismos bornes donde recibe la carga del panel, así me lo han indicado.
Respuesta: Da lo mismo y en las instrucciones eso no figura así. Con la tradicional terquedad baturra, conectó
todo a los mismos bornes. Voló el fusible y los cables del conversor quemaban. Dijo: Pero si daba lo mismo!, añadió
un sonoro: carajo! Cambiamos la conexión y los cables ya no calentaron.

En el primer día en la playa, contagiado por el entusiasmo laboral de Miguelito y su costumbre
de faquir: no almorzamos. De eso nos dimos cuenta a  las 5 PM. Eso sí, nos habíamos tomado
unas cuantas cervezas y yo además varias aguas minerales.

El segundo día pasamos a colocar unos spots en las cabeceras de las camas. Estudiamos el asunto y decidimos de
dónde sacar la corriente. Le di los materiales. Tomo el interruptor y dijo: fácil, el positivo va aquí y el negativo lo
conecto aquí. Dije: no Miguel, así no es, me han dicho que  un cable pasa directo y se conecta al spot y el otro lo cortas,
uno va a la entrada del interruptor y el otro de salida y de ahí al spot.

Otra vez se hizo presente la terquedad baturra, lo hizo a su modo, volvió a sonar el conversor,
el fusible ya había volado la primera vez. Desconectamos y lo hicimos como me habían explicado: funcionó.
Probamos el sistema, funcionó, sólo que el conversor ya estaba malogrado y  no nos daba corriente para todo.

Como les conté, Miguelito toma un parco desayuno, jugo de naranja, dos huevos fritos con tocino
y pan para comerse hasta la última parte de la yema del huevo, limpiaba el plato con el pan. De almuerzo, previas cervezas,
ensalada de tomate, cebolla blanca, palta y atún, sazonada con vinagre balsámico, aceite de oliva, sal y pimienta.

Por las noches nos salimos de las comidas programadas, llegó de pesca mi compadre Juancho
con su nieto y Don Guillermo Basadre, que fungió como chef, un día cenamos sopas de sobre Maggi para calentar el
cuerpo más una mezcolanza de tipos de fideos y tallarines a la putanesca, previo whisky y remojados con vino tinto
Chateauneuf-du-Pape.

Al día siguiente, gracias a la pesca de una corvina de 6 kilos, por Raúl nuestro guardián, cenamos corvina frita con arroz,
previo chilcano de pisco y remojada en vino blanco seco de Alsacia. El último día cenamos asado con arroz y huevo frito,
remojado en el mismo vino blanco.

El postre de todos los días fue una porción del Volador de Doña Alicia.

Tengo que afirmar que Miguelito es muy buen comensal, de muy buena conversación y larga sobremesa, de cocina nada,
ni siquiera puso a hervir el agua, yo hice de encantado cocinero, mayordomo y buen escucha.

                                                                                                                 Gregorio
                                                                                                                  Julio 2011
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