TRES ALEGRES TIGRES SE JUERGUEARON


Allá por el año sesenta y seis, nos encontramos en una tarde de Julio sin querer queriendo Pedrito, El Búfalo
y yo, nos encontramos de casualidad visitando nuestras queridas aulas del colegio en la Colmena...


Primero fue un café, matizado con nuestras anécdotas de estudiantes, cada uno en lugar diferente, Pedrito en la UNI, Eduardo acababa
de regresar de   Inglaterra y yo había estudiado en Monterrey, México.

Pedrito trabajando en las serranías, en la mina de la que algunos años después tuviera que salir por el terrorismo. Eduardo con un pie
en un avión para irse a obtener su maestría a USA y yo trabajando como asesor y promotor de ventas de fertilizantes y pesticidas.

Del café siguió irnos a comer, en un restaurante que había en la esquina de la Colmena con Tacna, la conversación debe haber estado
un tanto aburrida, pero el gusto de encontrarnos después de varios años, superaba al aburrimiento. Naturalmente la comida fue algo
mojada con whisky y vino.

Con el diente picao y estando en la Colmena, al salir de comer a eso de las once de la noche vimos el primer letrero luminoso: La Grutta Azurra,
vedettes argentinas, strip tease completo! Y paya fuimos. Tragos van, tragos vienen, espectaculares espectaCULOS y bueno, más trago.

Pasadas las tres de la madrugada salimos y vimos otro letrero: El Sótano, vedettes internacionales, shows sin censura, más trago y ya
todas nos parecían monumentales. Pero dada la hora llegamos cuando los shows terminaban.

Salimos a eso de las cuatro, más en Pisco que en Lima y con las manos en los bolsillos, con esa garúa limeña, nos miramos y vimos
otro letrero: Shows Toda la Noche y paya fuimos. Llegamos al show final, no tuvimos tiempo ni de pedir un trago, pero cuando nos
levantamos, nos presentaron una cuenta de más de SIETE MIL SOLES!

Indudablemente nos negamos a pagar, discusión va, discusión viene, que si han consumido, que no y Eduardo por lo bajo: tranquilos
que tengo que tomar un mi vuelo hoy a medio día y si no llego lo pierdo y es mi viaje gratis a USA.

Pedrito: tas loco, yo no voy a pagar. Yo: esto es un asalto a mano armada, tampoco pago. Eduardo: Tranquilos...!

Total terminamos presos en la Prefectura por negarnos a pagar y fuimos a parar al famoso Sexto! Y se escuchó la tristemente recordada:
QUEDAN!   Eduardo se paseaba como un tigre enjaulau, de esquina a esquina del cuarto donde estábamos, Pedrito y yo despotricábamos
contra la policía y los dueños de los bares, pero seguíamos presos.

Se me ilumina el cerebro y llamo a Juan José Miranda, tío de Alicia que ahora es mi mujer, lo sabía amigo del Prefecto, le explico
lo sucedido, se presenta y nos llevan donde la Autoridad a eso de las 10:00 AM., más los muñecos de Eduardo por su viaje.

Tal fue la vehemencia puesta en la defensa de nuestra causa y en la acusación de robo, que logramos que nos soltaran sin tener que pagar.
Jorge Ponce, los Quiroga, Baldo y cualquier otro de los notables abogados de la clase se hubieran quedado chiquitos, aunque la
competencia venía de un ingeniero de minas y de un agrónomo, Eduardo estuvo había perdido el habla!

Eduardo alcanzó su avión y se fue a USA a obtener su maestría, regresaría en el año erático, el 69;  Pedrito y yo nos fuimos a su casa
a tomar varios litros de leche ante la severa mirada de Doña Inés y la risueña mueca socarrona de Don Lucho.

La llegada a la casa de Alicia fue más que incómoda, pues el que después fuera mi suegro se puso preguntón, ¿Qué hiciste anoche?,
comiendo con unas personas; ¿Dónde estuviste?, en el centro de Lima; ¿Con quienes?, amigos del colegio, etc., etc., etc., por supuesto
delante de la que hoy es mi suegra y Alicia.

En Julio del año pasado estos tres alegres y ya viejitos tigres nos volvimos a juntar, pero a la hora del almuerzo, siempre mojándolo con
whisky y vino, recordando ese otro Junio de 1966 y revindicando nuestra indomable fe en la justicia y la defensa de nuestros principios.

La terminamos en la casa de Eduardo. El regreso a la casa de Pedrito duró más de hora y media y es que después de su operación,
cuando toma whisky tiene que hacer pichi cada 5 minutos, se conoce todos los grifos, restaurantes, bares y tiendas que tienen servicios
higiénicos rumbo a su casa desde cualquier parte Lima y balnearios, para que no me mojara el interior del carro tenía que parar cada
vez que me decía: ya Gregorio para en esa esquina.

Alicia llamaba a mi celular, le respondía Pedrito: Goyo está manejando, el borracho soy yo!

Algunos semanas después celebramos el cumpleaños de Eduardo con una comida en mi casa, indudablemente también mojada
con ambos néctares, July conoció de esta historia, pese al rubor de Pedrito, lo cual me valió un sonoro: Huevón! de parte de Pedrito
y que él perdiese la aureola de niño bueno.

Como Pedrito ha demostrado tener más vidas que un gato, espero poder agregar alguna alcoholizada novedad en un futuro cercano.


                                                                                                      Gregorio -Goyo- Durand Malatesta
                                                  Abril de 2006
Una anécdota contada por Gregorio Durand.
Se haría indispensable la corroboración por escrito de los otros dos interfectos...