JORGE CEBALLOS.   MIS MEMORIAS.   Primera parte
El mes pasado recibí un E-mail de Adolfo Pardo a través de nuestro web site: Borja 57 para saludarme por mi
cumpleaños. Con ese motivo me invitó a publicar algunas fotos antiguas en nuestra página, pero estoy
prefiriendo hacer una reseña escrita que intenta graficar lo que ha sido mi vida desde que salí del colegio a
riesgo de limitar el propósito a solo los aficionados a la lectura.

Entiendo que las fotos llevan el mensaje directo para comunicar y la palabra escrita si bien permite
explicaciones explícitas, pues puede decir lo que el escritor siente,  a veces no logra alcanzar ese propósito.
Ruego me disculpen por mis limitaciones literarias. Lo que vale es la intención.
Nací en Iquitos pues mi padre era aviador destacado a la base  aérea de esa ciudad y el Señor dispuso que mi
madre me tuviera allí, pero después de pocos meses fui traído a Lima donde viví en la Av. Tacna.

Las primeras letras las aprendí en una escuela inicial de las Hermanas de los Sagrados Corazones del Belén,
donde conocí a uno de mis amigos de infancia que mas frecuento,
Lucho Rubio.

Bajo tu Manto Sagrado mi madre me dejó en el colegio de La Inmaculada para ser formado por los Jesuitas
en la moral católica que es mi familia, entre 1947 y 1957 donde se me enseñó a respetar los Mandamientos.

Me enseñaron a amar al Seor nuestro Dios por encima de todas las cosas y al prójimo como a ti mismo, se me
enseñó a valorar las virtudes: Fé, Esperanza y Caridad, a compadecernos de nuestras debilidades para alcanzar misericordia.
Se nos recomendó actuar con prudencia y a pedir a nuestro Señor el espíritu de sabiduría porque
es pura, actuando con sinceridad, sin patrocinar la indiferencia ni las medias tintas sino a la lucha por un
mundo más humano reconociendo el derecho del hombre, especialmente del menos favorecido.
En 1959 ingresé a la nueva Universidad Nacional de Ingeniería recién elevada a ese rango por una decisión del gobierno del
Dr. Manuel Prado a la antigua Escuela de Ingenieros fundada por el Ing. Emilio Le Roux durante el gobierno de Balta.

Su último director el Ing. La Rosa había sido designado Ministro de Educación y adquirió el terreno que ocupa actualmente.

Al iniciar estudios era rector el prestigioso Arq. Velarde (Pescadito) y Vice-Rector, el Ing. Emilio Morales Macedo.

Me acompañó en esos episodios nuestro entrañable amigo y compañero
Jorge García Pacheco con el que me siento
unido en una amistad que trascendió el tiempo. Constituimos un grupo de estudio conjuntamente con otros 3 compañeros
que provenían de otras instituciones religiosas.
Durante ese periodo aún conservaba las antiguas
costumbres adquiridas en el colegio, las buenas
formas urbanas, frecuentar a
mis amigos de
siempre:

Lucho Rubio del Castillo con quien había tenido
la oportunidad de aprender las primeras letras,
hoy abogado que nos prestigia y me honra con su
amistad, vivía en la colmena a menos de una
cuadra del colegio.

Jaime Parodi del Valle con quien íbamos a
jugar eternos partidos de fulbito callejero para
liberarnos de demonios permitiéndonos algunas
liberalidades idiomáticas de mayor calibre.

Es hoy médico, vivía en la plaza Dos de Mayo
a no más de cuatro cuadras de la mía. Su amistad
se mantiene inalterable en mis sentimientos.
Hugo Roggero Alejos, que ya estaba por terminar
la Escuela Militar sólo aparecía los sábados cuando
le daban en la Escuela salida. Vivía en la Agrupación
Alexander.

Raúl Sevilla Miranda que tenía la reputación de ser
el miembro del grupo mas engreído y que por entonces
estudiaba ingeniería química, vivía en el Jr. Tayacaja.

Pienso que había desarrollado en esa época una
personalidad algo tímida que solo alcanzaba expresión
cuando nos encontrábamos reunidos nosotros.

En ese ambiente y época
Lucho Rubio quizá
dándose cuenta de esa debilidad, cogiéndome
bastante desprevenido me dijo:

Jorge,  la Academia de la Federación Universitaria
de San Marcos, FUSM,  necesita un profesor de
matemáticas y yo te he propuesto.
Así inicié con muchos temores, prácticas docentes que
me permitieran aprender a alternar con otras personas
mientras continuaba los estudios pero luego al
concluirlos y comenzar primeros trabajos profesionales
pasé en forma casi natural a la docencia universitaria.

Con mis compañeros de estudio hicimos tesis de
Planeamiento Regional, estudiando la región central
del Perú. En esa época estaba en boga las teorías
del francés Padre Le Febre sobre Planeamiento
Físico y Regional como un ensanche del ya
desarrollado Urbanismo.

Nuestro Jefe de Tesis fue el Arq.
Fernando Belaunde
Terry
quien al asumir la Presidencia de la República
dejó encargado a sus auxiliares cuidar la culminación
de nuestra tesis.  Entre ellos recuerdo a
Jaime
Hoefken, Cesar, Eduardo Orrego
.

La sustentación con que nos graduamos mereció nota
aprobatoria al punto que luego de unos días fuimos
invitados a sustentarla en
Palacio de Gobierno.
En 1964 se puede decir que recién inicié mi vida profesional y a desarrollar esas tendencias mías para hacer las cosas de forma minuciosa. Pensé que debía
cambiar mi estilo de vida si pretendía vivir una vida mas plena, empezar la vida activa verdadera y profesional para alcanzar verdadera dignidad humana.

Un día tomé la decisión y renuncié a la docencia por exigirme vivir en Lima, dedicándome a plenitud para luchar en mi vida personal por los valores que deseaba
proponer a mis hijas contra la injusticia, el subdesarrollo, la pobreza, en fin las cosas que para entonces ya había conocido.
Los trabajos de ingeniería civil se acomodaban
perfectamente. Fue escenario de mis primeros
pininos, el antiguo Ministerio de Fomento y Obras
Públicas, siendo asignado a la

Subdirección de Obras Viales de la Dirección de
Ingeniería dentro de la Secretaria General del
Fondo Nacional de Desarrollo Económico
,

entidad que financiaba y ejecutaba por administración
obras civiles básicas en pequeños villorrios del
interior del país con recursos provenientes de las
recaudaciones del antiguo impuesto
Pro Desocupados para el plebiscito de Tacna y Arica.

Durante los primeros 3 años visité la sierra y los
2 siguientes la selva. Participé en proyectos de
carreteras, construcciones y como

asistente técnico de caminos rurales

y empecé a comprender mejor como era el Perú
Profundo y en la medida que avanzaba el tiempo,
más aprendí.

Visité prácticamente todas las carreteras
vecinales de los departamentos de
Ancash,
Lima, Huánuco, San Martín y Loreto
conocí tanto su geografía y geología como la
idiosincrasia de sus pobladores.
EL CONOCIMIENTO DE LA SIERRA

Comprendí lo que es vivir a mas de 4,000 msnm, soportando el frío, la altura, el abandono, la falta total de
recursos. Conocí la impotencia, pues poco era lo que podía hacer y comprendí así lo que es la ignorancia y
el subdesarrollo. Creo que aprendí por qué se dice que el Perú es, más que Lima en forma viva,
Un mendigo sentado en una silla de oro.

Diseñé caminos rurales para la gente más abandonada en los lugares más apartados. Tramité y supervisé
proyectos. Fue una época dura y difícil, pero también muy hermosa y gratificante pues aprendí lo que no me
había imaginado conocer y comprendí por qué estaba haciendo eso.

Atravesé a caballo las punas que separan o quizá sea mejor decir que comparten los departamentos de
Lima, Ancash y Huánuco. Es algo sobrecogedor por su inmensidad... con un colorido realmente incomparable.

Lugares donde un jinete montado sobre el caballo sólo tenía el sendero mínimo para el paso, pues el
Ichu como un mar dorado, es la única vegetación que prospera a esas alturas, alcanza quizá los 2 metros
de altura, cubriendo todo el horizonte.
Gocé paisajes de una belleza natural que sólo se pueden apreciar viéndolos. Vi tropeles de llamas, vicuñas,
alpacas y otros camélidos sudamericanos en estado salvaje, venados y pumas, perdices y cóndores,
solazándose en esas llanuras alto-andinas sin que nadie las moleste.

También vi como el cielo se torna oscuro repentinamente  impulsado por vientos helados que silban en los
oídos y obligan a ponerse algo que proteja la cara. Los Chullos se explican totalmente pues son imprescindibles
para protección contra la inclemencia de ese clima bravo.