Caracas, 30 de Enero 2004

Jaime,

Te cuento que ayer, saliendo de la oficina decidí ir a un taller para hacer
ver el auto. Me pareció prudente ir a uno especializado en Chevrolet,
elegí uno que está convenientemente lejos de la oficina y que se llama
Edsel-Mustang S.A.

Me atendieron de inmediato.

El jefe del taller se sentó en el auto, en el asiento del copiloto y con el
motor y el radio encendidos, me pidió que le explique los síntomas. Me
pareció que los entendía perfectamente bien. Inmediatamente procedió
a abrir la tapa donde estan los fusibles y me dejó entender que ahí
podría estar el problema. La cerró. No era ahí.

Después salió y me dijo que habría que conectar el carro a una
computadora que analiza las fallas, todas las fallas. Se fue y regresó al
cabo de un rato con un LapTop y un cable que terminaba en un extremo
en un enchufe para encendedor, igual al del cargador de mi teléfono
celular.

Lo enchufó en el encendedor y me pidió que apagase el auto. Lo
apagué y él a su vez apagó el LapTop, me explicó que cuando el auto
está apagado, el Lap Top debe estar apagado igualmente y viceversa.
Luego abrió las ventanillas delanteras para producir una corriente, me
dijo.

Se quedó un rato mirando la pantalla apagada de la computadora y con
una cara de satisfacción indescriptible, me dio su diagnóstico:

Señor, me dijo, probablemente por un golpe en algún sardinel por ahí o
algún golpe mal dado al tratar de cerrar la maletera, la compresión de su
auto se ha torcido ligeramente hacia la derecha. Afortunadamente es
hacia la derecha ya que las torceduras izquierdas son mucho más
difíciles de tratar por aquello de las agujas del reloj, me explicó y yo
asentí como si supiese.

Tiene, abundó en detalles, una contorsión de apenas 2 grados
centígrados, equivalentes a 3.5 grados Celcius en la escala de Richter.
Yo estaba admirado de su erudición. Es sencillo enderezar esta
compresión ya que está hecha de volframio, que es una aleación
maleable. El peligro de ruptura es mínimo y es casi seguro de que
quedará bien.

Me pidió que vuelva a encender el auto y que lo espere en una salita
donde hay una mesita sin revistas y un televisor apagado. Así lo hice.
Esperé unos diez minutos hasta que entró un ayudante con la factura
indicándome con la cabeza la ventanilla de la caja.

Pagué y recién entonces me dio mi llavero.

Salí, prendí el carro y me vine a la casa. Ha quedado perfecto. Estos
talleres especializados son una maravilla.


Adolfo
(Es que estoy desvelado y me vine a la computadora a contarte)