PENSANDO EN ERIK PARDO SCHNELL


Yo creía que los niños sólo adquieren conciencia a los seis años o por ahí, cuando consiguen
el uso de razón. Con Erik creo haber descubierto que no siempre es así.


Yo no lo sabía pero parece ser que lo que verdaderamente sucede a los seis años o por ahí,
es que nosotros, los grandes, nos percatamos de que ellos, los niños, ya desde mucho mucho
antes tienen clara conciencia de lo que les rodea y son bien capaces de bastante más de lo
que
nosotros, pretenciosos adultos, creíamos.

Cuando Erik nació, ya estaba a su lado un Querubín elegido especialmente para él por Dios.
Era su Ángel, ese que nosotros llamamos Ángel de la Guarda.

Lo que pasó, aparentemente, fué que ese Ángel exclusivo para Erik era muy especial y fue
elegido,
ahora me doy cuenta, con algún fin que nosotros, experimentados mortales, no hemos podido
descubrir todavía.

Pienso que este Ángel Dios lo tuvo en el Cielo, digamos en reserva.

Cada vez que él quería que le asignen uno de los miles de niños que nacen cada día,
Dios no le daba la orden de bajar. Parece ser que, sabiendo Dios que este Ángel en particular
tenía dotes especiales, lo estaba reservando, para un niño igualmente especial.


Aquel 6 de Julio del año 2001, por fin le dieron el mandato de venir a acompañar a Erik
y hacerlo en adelante todos los días de su vida.


Como yo tengo la inmensa suerte de ser uno de los cuatro abuelos de Erik, (me llaman El
Opa),
me puse a hacer ciertos contactos y averiguaciones al más alto nivel para descubrir,
o debería decir más bien "creer descubrir", algunas cosas que hasta ahora no dejan de
sorprenderme:

En primer lugar creo haber averiguado el nombre del Ángel designado.

Todo indica que es conocido en el Cielo con el nombre de Jacques, y que una de sus eternas
peculiaridades es la de lograr el mejor resultado en las tareas que le han sido encomendadas
desde hace siglos, y puesto que habría tenido éxito en cada caso,
Dios le habría encomendado ocuparse de nuestro Erik.


Jacques se dio inmediatamente cuenta de que Erik quería vivir su vida de una manera
intensa desde el momento mismo de nacer. Todos los bebés a su alrededor descansaban
al dormir, pero Erik se diría que no tenía tiempo para esos detalles, había tanto qué hacer,

¿Cómo permitirse derrochar el único tiempo disponible durmiendo plácidamente?

El hacía como que dormía, pero estaba pensando, estaba aprendiendo, estaba inventando,
estaba creando, estaba comunicándose directamente con Dios, estaba segundo a segundo
haciendo preguntas a Jacques, estaba ya desde antes de nacer, oyendo música y oyendo
conversaciones que le despertaban ideas y que le daban incontenibles deseos de nacer
para aprender todos los secretos de este mundo y para en el poder desarrollar sus flamantes
ideas.

Ahora, al lado de Jacques, las cosas se le facilitaban bastante porque Jacques siempre se
deleita
con las preguntas a veces traviesas pero siempre sabias de Erik y al contestarlas despierta
más y más su indetenible deseo de aprender.

Todo indica que Dios se habría dado cuenta de que Erik quería pasar los primeros años
de su vida sin hablar, consagrándose exclusivamente a oír, a escuchar, a ver, a sentir, a oler
y a saborear todo lo que estuviese a su alcance, ya que sólo así podría aprender, mucho más
que si tuviese que soportar a los irreflexivos adultos que le exigirían hablar y decir cosas
todavía sin sentido y que hasta se las festejarían... ¿Cómo aprender así?

Ya habrá tiempo de hablar, piensa sin duda Erik.  Dios nos dio dos oídos y una sola boca,
por algo será, ¿quizá para oír dos veces y hablar sólo una?


Recién ahora comenzamos nosotros lentamente a darnos cuenta de algo:

Tanto tanto se esfuerza Erik en aprender y en conocer el mundo, que a veces no
duerme, y hasta se le olvidan cosas muy importantes para otros niños.


Pero no importa ya que lo que él no hace, por no querer distraer su tiempo; su mamá, su
papá, sus abuelos, muchas veces los médicos, sus enfermeras, sus tíos, su bisabuela y
hasta alguna complicada máquina, hacen por él.

y entretanto él y Jacques disfrutan fabulosamente aprendiendo y preparándose para lo que
Dios les tiene reservado. Ahora tiene apenas un año y siete meses y en su callada
manera de mirar y de escuchar se adivina su afán de profundizar en todo.

Debo decir, antes de olvidarme, que él ya sabe hablar y lo sabe además correctamente,
pero todavía no ha llegado su momento para hacerlo en voz alta. Sin la menor duda llegará.

Ya en este momento tiene mucho que contarnos. Cada vez que su mamá Erika le habla,
cada vez que Stefan su papá le muestra algo, cada vez que Alejandra su hermana lo toca
y le hace cosquillas, cada vez que Brandy su perro lo lame y cada vez que sus abuelos
Cristina y Hans y sus opas Uti y Adolfo lo pasean y le cuentan cosas, él capta, aprende y
aprueba y a veces hasta desaprueba.

Jacques está a su lado, cada minuto, cuidándolo, protegiéndolo y respondiendo
bondadosamente a todas las muchas preguntas que Erik le va haciendo todos los días
y a cada momento.

Ojalá Dios nos quiera dar vida suficiente para estar al lado de Erik cuando decida
empezar a hablar y cuando decida empezar a contarnos sus descubrimientos.

He sabido por Jacques, que Erik quiere aprender a hacer música. Ojalá Dios nos
quiera dar vida suficiente para oirlo.

Entre tanto, acá estamos Erik, todos queriéndote mucho y ayudándote a llevar adelante
los proyectos que tienes, sin duda por encargo de Dios y que nosotros poco a poco estamos
aprendiendo a adivinar, sintiéndonos con frecuencia, más pequeñitos que tú.


Tu Opa, el 12 de Febrero del 2003.