EL FABRICANTE DE HELADOS  Cuento
Autor:  Adolfo Pardo         Caracas-Venezuela      -      Sep05


Había una vez dos productores de helados con maquinarias similares y materias primas
similares, uno en una ciudad y el otro en otra, vecina.

Uno, "A", los hacía mejor: Su fórmula era buena, su empaque era más llamativo y los
vendía en unos carritos con refrigeración incorporada y unas campanitas que
avisaban de su llegada.

El otro, "B", los hacía peor: Su fórmula no les daba un sabor excelente, el empaque (que
por cierto costaba lo mismo) era menos llamativo y de colores inadecuados y en sus
carritos las campanitas no sonaban tan atractivamente.

Es natural, que el fabricante "A" vendía mucho y al cabo de un año lo hacía en una
proporción de 10 a 1 comparativamente con el fabricante "B".

"A" decidió entonces ampliar su producción y atacar el mercado potencial de la ciudad vecina
donde producía y vendía "B".


¿Qué podía hacer el fabricante "B"?
Sin duda tenía muchas opciones disponibles, por ejemplo:

-- Decidir cerrar su fábrica e irse a vivir a Australia en donde le habían
dicho que hay buenas posibilidades para los fabricantes de helados...
y dejar el mercado libre para que "A" lo domine.

-- Seguir igualito que antes, no cambiar nada y ver como poco a poco
sus ventas bajan sin que él se imagine por qué. Echarle la culpa
a los muchachos que salen a la calle con los carritos. Al año quiebra.

-- Moquear inconsolable y decidir hacer una campaña para que los
vecinos de su ciudad no compren los helados de "A". perjudicándolos
de paso porque resulta que a los vecinos les gustaban más los helados "A".

-- Decidir vender su fábrica a "A", perdiendo.

o

-- Reunir a su gente: Invitar a su suegra (que tiene una receta de
helados buenísima que le enseñó su abuela) Invitar a su hijo menor
que estudió diseño gráfico para que le diseñe, gratis, un empaque nuevo.

-- Invitar a su vecina
(que por cierto aparte de ser violinista
estaba de película)
para que componga una musiquita pegajosa en
vez de las campanitas de marras.

-- Invitar a todo un colegio para
que prueben los helados. (Los chicos decidieron que querían
comerse también el empaque) e inventó la barquilla.

-- Poner un aviso en El diario buscando empleados y obreros para
ampliar su nómina y decidir darles a todos una participación
real en las ganancias por razones de motivación.

-- Invitar al fabricante "A" y proponerle comprar su fábrica.

Resulta (de paso sea dicho) que en ambas ciudades, la gran mayoría de la gente
despotricaba contra el fenecido comunismo y clamaba por las ventajas enormes e
indiscutibles del capitalismo.
(Régimen económico fundado en el predominio del
capital como elemento de producción y creador de riqueza y en el cual prevalece la
libre competencia, con sus forzosas e inevitables ventajas y desventajas).

¿Yo soy capitalista mientras no haya competencia y toleren mi mediocridad?

Y se casaron y fueron felices.

Fin del cuento, que cada uno saque sus propias conclusiones.
¿Si fueses el fabricante "B", cuál hubiese sido tu opción?


                                                                                               Adolfo Pardo