Viernes, 12 de julio, de 2019
¿Director, cocinero o ambos?

Tengo un amigo cercano que es director de orquesta
sinfónica, violista, profesor de cuerdas, pianista, excelente
músico y cocinero... ¿Cocinero? Pues alguna vez me he
tenido que poner a pensar en cuáles razones podrían motivar
a un músico completo como él, a ser también cocinero... Creo
sospechar cuáles son sus motivaciones. Veamos:

Un buen director de orquesta sinfónica, cuando conoce de
antemano la obra que deberá dirigir próximamente, se pone
diligentemente a estudiar la partitura, movimiento por
movimiento, instrumento por instrumento, pasaje por pasaje,
de hecho nota por nota y entonces, él tiene el infinito placer
de ir descubriendo en el pentagrama qué es lo que el
compositor quería decir, sus frases, las ideas que tuvo al
escribir y que quería transmitir a alguien que pudiese
interpretar, no solamente las notas una tras de la otra sino
que supiese descubrir sus a veces escondidas motivaciones.

Un buen director como él, al estudiar las partituras poco a
poco descubre qué quiso decir el compositor y cuál es la
historia inmersa en esas cinco líneas y sus notas negras... y
queda el director pasmado ante todo lo que está encerrado en
esa partitura, la perfección al combinar los instrumentos uno
con el otro y el mensaje oculto que se le hace de pronto
evidente al estudiar cuidadosamente las notas y las
entrelíneas. Entonces se emociona y, entrecerrando los ojos,
encuentra el bellísimo mensaje que él, y por el momento sólo
él, está descubriendo. Pronto, cuando la orquesta interprete
esas notas el mensaje se hará real y corpóreo... él prevé.

Y ya, una vez delante de la orquesta, él trata de transmitir a
los músicos lo mucho que está encerrado en esas líneas y
cómo lograr que el etéreo pensamiento del compositor llegue
intacto hasta el público sentado en la sala... y surgen
entonces para el director algunas decepciones enormes y
aparentemente inevitables...:

Puede ser que no todos los intérpretes capten el mensaje en
su forma total, quizá porque cada uno de ellos interpreta sólo
una parte de él sin necesariamente captar el significado
completo del mismo ya que que éste solamentes cobra su real
forma al combinar y armonizar a la perfección los distintos
instrumentos y eso sólo lo puede ver él como director, y quizá
algún muy raro espectador avezado y atento... pero no
necesariamente cada uno de los músicos mediante sólo su
propio, desnudo y solitario instrumento...

La decepción inevitablemente afecta al director, cree él poder
lograr, por lo menos en esta oportunidad, que el mensaje
oculto se devele y se haga corpóreo... necesita quizá más
tiempo del cual no dispone, los intérpretes no lo entienden y
él quiere rabiar e internamente pide disculpas al compositor,
se identifica con él y le dice mentalmente que él sí entendió
pero no así los interpretes y mucho menos el público asistente
a la sala, que a pesar de todo aplaudirá sin saber que el
mensaje del compositor nunca llegó a ellos y que sólo él, el
director, lo recibió y que desdichadamente no fue capaz de
transmitirlo más allá. Terrible.

El director busca alternativas que lo satisfagan y no lo
decepcionen y entonces, para su sorpresa, descubre el
enorme placer de la cocina...:
El puede elegir los ingredientes, las temperaturas, los aliños,
la combinación de texturas y sabores, los utensilios o
instrumentos, hasta su presentación final y puede, oh
maravilla, ser no solamente el ávido lector sino el compositor y
al mismo tiempo el intérprete y que puede, además, ver que
su mensaje llega al público que él previamente eligió para
recibirlo... y palpar su reacción... y recibir en carne propia el
aplauso.

Por fin nadie a quien culpar, un sentimiento que se creó,
cobró forma, nació y llegó a destino, en el momento y la
oportunidad precisos, que él mismo previamente había
decidido.

Entonces el director se siente realizado y completo cobrando
fuerzas para que, quizá en la próxima partitura o en el próximo
concierto, logre hacer llegar al público el encargo que
mediante cinco líneas el compositor le transmitió, y que él sí
entendió.... presumiblemente.


Adolfo Pardo
Dedicado al Maestro Iván del Prado.
 
Ensayo escrito el 12 de julio de 2019 por Adolfo Pardo y dedicado al Maestro Iván del Prado
Fotos: Adolfo Pardo